martes, 12 de junio de 2012

Redacción: Mi deporte favorito


Mi deporte favorito es el “Sillón-Ball”. Algunos os preguntaréis en qué consiste. El “Sillón-Ball” es un deporte que no se practica al aire libre, sino que se realiza en el interior de una casa, de un local y las últimas noticias apuntan a que se está gestionando un pabellón municipal.
Sencillo y económico, no necesita gran preparación física, excepto en la modalidad de maratón. Los materiales y las equipaciones son accesibles para todos los bolsillos (el precio sube dependiendo de las marcas).
Necesitaremos un sillón confortable y calentito para las mañanas de invierno. Sí, dejo aquí velado que este deporte es más de invierno que de verano aunque los que tenemos mucha afición, también lo practicamos en la época estival. Podemos utilizar un sofá para los maratones.
En segundo lugar no podemos olvidar la hidratación. Convine tener a mano una botella de agua de litro, como mínimo. No se descartan otras bebidas.
También debemos tener en cuenta la alimentación, no es necesaria que sea equilibrada: palomitas, patatas fritas, chocolate, galletas… En mi caso nunca ha faltado el regaliz rojo, estirado; y el regaliz negro, enrollado.
En tercer lugar: un televisor. Importante no, importantísimo. En algunos países existen variantes del “Sillón-Ball” con un libro, con una consola de videojuegos. No quiero engañar a nadie, no es lo mismo.
Empecé a practicar este deporte de la mano de mi hermano Raúl, gran conocedor de todas las posturas y trucos. Inventó unos estiramientos con una silla para colocar las piernas, ¡menuda idea! Es posible aumentar tu resistencia en dos horas y media. Poco a poco, con mucho mimo y cuidado, me fue guiando hasta que conseguí alcanzar mi primer maratón. Con el tiempo llegarían otros.
El momento más propicio para practicar estas actividades era las mañanas y las tardes de los sábados. A veces, en la adolescencia, entrenábamos algún domingo (dependiendo de la programación).
Al principio eran sesiones cortas de dibujos animados: La Hormiga Atómica, La Pantera Rosa, Los Picapiedra, El Coyote y el Correcaminos… Después le siguieron grandes series: Pipi Calzaslargas, Heidi, Marco y Orzowei. Ah, se me olvidaba Mazinger Z, Comando G y La Bola de Cristal (no se ría, no se ría…).
En plena adolescencia, muy bien entrenados durante cinco o seis años, cuando habíamos cumplido con nuestras responsabilidades (los dichosos deberes, las redacciones, el estudio, ayudar a nuestros padres…) conseguimos jugar en otra liga, superior: la liga de los adultos.
En la liga superior o de adultos, en ocasiones, participaba nuestro padre. Muchas de las sesiones eran nocturnas y el reloj podía marcar las dos de la mañana viendo películas de cine de terror y de cine negro. Esporádicamente visionábamos cine mudo: Charles Claplin, Harol Lloyd, Buster Keaton…
No quiero finalizar sin dejar de hacer alusión a esos maratones en los que participaban mis primos: colección de James Bond, en una semana. O aquellos otros en los que venían amigos: trilogía del Padrino (muy recomendable).
Por último deciros que tengo una espinita clavada con la Trilogía del Señor de los Anillos.  El tiempo no pasa en balde, sólo puede con las dos primeras.
                                                                                                                             Mario del Valle Torrado