Mi deporte favorito es el “Sillón-Ball”. Algunos os
preguntaréis en qué consiste. El “Sillón-Ball” es un deporte que no se practica
al aire libre, sino que se realiza en el interior de una casa, de un local y
las últimas noticias apuntan a que se está gestionando un pabellón municipal.
Sencillo
y económico, no necesita gran preparación física, excepto en la modalidad de
maratón. Los materiales y las equipaciones son accesibles para todos los
bolsillos (el precio sube dependiendo de las marcas).
Necesitaremos
un sillón confortable y calentito para las mañanas de invierno. Sí, dejo aquí
velado que este deporte es más de invierno que de verano aunque los que tenemos
mucha afición, también lo practicamos en la época estival. Podemos utilizar un
sofá para los maratones.
En
segundo lugar no podemos olvidar la hidratación. Convine tener a mano una
botella de agua de litro, como mínimo. No se descartan otras bebidas.
También
debemos tener en cuenta la alimentación, no es necesaria que sea equilibrada:
palomitas, patatas fritas, chocolate, galletas… En mi caso nunca ha faltado el
regaliz rojo, estirado; y el regaliz negro, enrollado.
En
tercer lugar: un televisor. Importante no, importantísimo. En algunos países
existen variantes del “Sillón-Ball” con un libro, con una consola de
videojuegos. No quiero engañar a nadie, no es lo mismo.
Empecé
a practicar este deporte de la mano de mi hermano Raúl, gran conocedor de todas
las posturas y trucos. Inventó unos estiramientos con una silla para colocar
las piernas, ¡menuda idea! Es posible aumentar tu resistencia en dos horas y
media. Poco a poco, con mucho mimo y cuidado, me fue guiando hasta que conseguí
alcanzar mi primer maratón. Con el tiempo llegarían otros.
El
momento más propicio para practicar estas actividades era las mañanas y las
tardes de los sábados. A veces, en la adolescencia, entrenábamos algún domingo
(dependiendo de la programación).
Al
principio eran sesiones cortas de dibujos animados: La Hormiga Atómica, La
Pantera Rosa, Los Picapiedra, El Coyote y el Correcaminos… Después le siguieron
grandes series: Pipi Calzaslargas, Heidi, Marco y Orzowei. Ah, se me olvidaba
Mazinger Z, Comando G y La Bola de Cristal (no se ría, no se ría…).
En
plena adolescencia, muy bien entrenados durante cinco o seis años, cuando
habíamos cumplido con nuestras responsabilidades (los dichosos deberes, las redacciones,
el estudio, ayudar a nuestros padres…) conseguimos jugar en otra liga,
superior: la liga de los adultos.
En la
liga superior o de adultos, en ocasiones, participaba nuestro padre. Muchas de
las sesiones eran nocturnas y el reloj podía marcar las dos de la mañana viendo
películas de cine de terror y de cine negro. Esporádicamente visionábamos cine
mudo: Charles Claplin, Harol Lloyd, Buster Keaton…
No
quiero finalizar sin dejar de hacer alusión a esos maratones en los que
participaban mis primos: colección de James Bond, en una semana. O aquellos
otros en los que venían amigos: trilogía del Padrino (muy recomendable).
Por
último deciros que tengo una espinita clavada con la Trilogía del Señor de los
Anillos. El tiempo no pasa en balde,
sólo puede con las dos primeras.
Mario
del Valle Torrado